Tengo un dolor en el pecho.
Justo a 25 cm de mi barbilla.
No sé si es el alma que la tengo destrozada
o un gas que no ha podido salir.
Pero duele. Duele mucho.
Es como si tuviera un gordo grandote sentado
En mi pecho, un gordo grandote que no me deja
Respirar.
El se ha ido otra vez. Todos los días se va,
Todas las horas se va, todos los minutos, todos los segundos se va.
Un minuto equivale a 60 segundos y una hora equivale a 3600 segundos.
Y mi dolor equivale a mucho dolor.
Wikipedia dice que El attosegundo (de atto) es la unidad de tiempo
equivalente a la trillonésima parte de un segundo y se abrevia as. 1 as = 10-18 s.
Cada attosegundo me está doliendo el alma una attonésima parte más.
O sea, eso es como un dolor que rompe la carne del alma con un cortauñas de bebé.
Wikipedia también dice que la medida temporal en el mundo espiritual es de 1 eón
equivalente a 1000 millones de años humanos. Me da miedo que este dolor me dure varios
Eones contados en attosegundos.
Mi tristeza está muy científica. Estoy solo, pero wikipedia me acompaña.
Busco nuevamente en internet. Esta vez, medidas de dolor. La búsqueda me ha arrojado
3.350.000 resultados de medidas de dolor en aproximadamente 0,16 segundos. Eso es un dolor rápido.
He encontrado un cuestionario del dolor. Después de una breve explicación científica, hay un listado de adjetivos para describir el dolor. Me entretengo viendo el dibujito de un hombre desnudo por delante y por detrás que asumo es para decirle al médico donde duele el dolor. (Bonitas nalgas y que bien dotado está el dibujito, pienso inconscientemente).
Pero, cómo describir el dolor de mi pecho? Doctor, un gordo está sentado en mi pecho, usted no lo ve, es invisible como el avión de la Mujer Maravilla, pero pesa igual que el avión completo (con todo y Mujer Maravilla y sus hermanas y su mamá y varias princesas amazonas y hasta las cuñadas pues la Mujer Maravilla se ha casado en secreto con Steve porque quedó embarazada después de una fiesta de3 integración que hicieron en el cuartel de guerra en Washington). Pesa mucho el gordo en mi pecho como este avión, pero ya no es el avión que aparecía en la serie; la Mujer Maravilla, además, con sus ahorros, se ha comprado el último jet con propulsión cuántica, liviano como una pluma, pero pesado. Muy pesado. Se estima que pesa más de 17 toneladas y 24 gramos. Como mi gordo. Además doctor, el gordo está desnudo, es peludo y como tiene las piernas abiertas siento los pelos de sus nalgas sudadas y calientes rozándome la piel. Gordo pesado, gordo peludo, gordo doloroso.
…
(estos tres punticos significan que estuve en internet por 10 minutos buscando dolor del alma. Después de algunos resultados cursis, encontré algo interesante).
He buscado ahora dolor del alma. La búsqueda arrojó 554.000 resultados en 0,13 segundos. (2.796.000 resultados menos que la búsqueda de medidas de dolor). Después de los resultados cursis he encontrado una página interesante de una doctora que dice, según lo que escribe, que yo puedo estar sufriendo de depresión. Esta dcotora debe ser como vidente porque este artículo aparece publicado en 2001, siete años antes de la hecatombe nuclear ocurrida en mi alma.
Tengo hambre, pero no quiero comer. Me he atragantado dos días con una caja de chocolates muy bonita que traje de los Estados Unidos en mi ultimo viaje con él. Recuerdo que cuando la compré fue un gran trofeo para mi, porque es muy bonita. Es azul con florecitas y una calcomanía que anuncia que son chocolates belgas, todo finalizado con un bonito y delicado lazo color palo de rosa y además me costó solo 5 dólares. Pero cuando he abierto la caja, para comerme todos los chocolates que con recelo he guardado, todos los chocolates se habían derretido, mezclado entre sí como si una bomba como la de Hiroshima hubiera explotado dentro de la caja cuando yo no estaba y fundió a todos los chocolates entre sí. Una vez escuché que cuando una avión explota, el calor producido por la explosión hace que la gente se derrita y se funda entre sí como los chocolates de mi caja.
Pero aún así, me he comido los despojos mortales de mi caja de chocolates que guardaba con un cariño enorme. Para alguien muy especial o para mí mismo. Y fue a mí mismo al que le tocó comerse los chocolates. El papelito que viene dentro habla de muchos sabores, con formas bonitas, pero es como tratar de adivinar el color de los ojos de un esqueleto exhumado cinco años después de haber muerto.
Comer chocolates. Eso he hecho dos días, desde que me dijo que termináramos. Exactamente a la 1:20 de la tarde del 29 de agosto de 2008 en el siglo XXI después de Cristo. Eso fue entre un parque que hay en el 7 de agosto y un sitio para comer hamburguesas que queda en la 72 con 30 aquí en Bogotá City.
Ya acabamos. Terminamos. Rompimos. C’est fini. Il est mort. It’s over. We’re done. That’s it. Pa’ la mierda los pastores que se acabó la navidad. Y yo estoy aquí, en lo que queda de nuestra casa, vuelto popó de perro churriento, tragando chocolates que dispararán mi diabetes y me harán más gordo que el gordo de mi pecho y volviéndome putamente reiterativo con el tema, mientras él, se fue ya hace como dos horas, sacó algo de ropa para no venir a dormir esta noche y yo me quedé aquí, con cara de imbécil, llorando como un niño chiquito y sin poder respirar porque el gordo disfruta estar sentado encima mio haciendo presión para que me duela más.
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