Wednesday, July 01, 2009

Grace X

Graciela tenía 17 años la primera vez que decidió usar una ayuda extra a la hora de masturbarse. Al principio, dudó en si utilizar un pepino o una banana, pero se decidió por el primero ya que era más suave. Lo disfrutó, pero no lo suficiente ya que su deseo de sexo iba creciendo cada minuto más y más.

Nunca había tenido sexo con un hombre real. A pesar de que sus amigas le dijeran que ser enana no era impedimento alguno para el amor y menos lo era que tuviera un ojo desviado o manchas en sus dientes, pues lo esencial era invisible ante los ojos como decía Saint Exupery; ella veía que sus amigas salían con novios y se divertían, mientras ella pasaba las tardes y las noches sola, encerrada en su cuarto jugando con pepinos, pomelos, botellas y otros artilugios para la satisfacción corporal.
Ocho años después, se encontraba a sí misma atrapada en un laberinto; sola, sin pareja, sin otra amiga más que su abuela a la que visitaba cada 15 días en un sanatorio donde estaba recluida por problemas de demencia senil hacía cuatro años. Graciela pensaba que Dios había querido burlarse de la humanidad creándola a ella y pensaba que su única salida era quitarse la vida con dos frascos de triptanol, el medicamento que tomaba para calmar su ansiedad por masturbarse con objetos poco aptos para el consumo humano.

Una noche, cuando se distraía jugando con una berenjena, de pronto vio como una luz fuerte salía de su placard. Por un momento pensó que era un incendio, pero la hermosa luz azulada que salía del mismo, le daba paz. - ¿Sería la Virgen?- pensó; sus dudas fueron resueltas de inmediato al emerger del closet una dulce señora, de cabellos plateados, con la tez suave y los ojos claros como el agua, que portaba en su mano una varita mágica con una estrella brillante en la punta y de la cual emanaban chispitas incandescentes.

-Hola Graciela- le dijo amablemente la señora – soy tu hada madrina y he visto tu sufrimiento a lo largo de los años, por lo cual he decidido acudir a ayudarte. Déjame decirte que ya he elevado una queja ante el Tribunal Superior de Dioses porque fue injusto el trato que te dieron al momento de asignarte las características físicas; por eso, estoy aquí para remediar en parte tu dolor.-
Y diciendo esto, la mágica señora levantó su varita en dirección a una asombrada Graciela, pronunció algunas palabras extrañas e hizo que todo su cuarto se iluminara dejándola ciega por unos breves instantes.

Cuando abrió los ojos, ya era de día. Estaba acostada en su cama como de costumbre y el teléfono sonaba sin cesar. Se sorprendió porque nunca la llamaban y decidió no contestar pensando que sería como siempre número equivocado. Se dio vuelta y encontró el periódico junto a ella. Le extrañó verlo ahí, pero leyó el titular donde decía que Grace X, una afamada actriz porno enana, estaba de visita en la ciudad causando un furor inusual entre sus seguidores. Graciela quedó de una sola pieza. La foto del periódico era la suya propia; ¡el Hada Madrina de la noche anterior la había convertido en una actriz porno! Sorprendida, emocionada y asustada, leyó toda la nota que ocupaba una página completa de la sección de farándula, en donde le revelaba que ella era una de las más famosas actrices porno del planeta; que había ganado tres premios Ninfa, dos AVN, que había trabajado junto a estrellas como Rocco Sifredi, Nacho Vidal y Jenna Jameson y que había regresado a la ciudad a presentar su primera producción en BluRay, la nueva tecnología que permitía una calidad insuperable en imagen y sonido.

La diminuta mujer pegó un grito de alegría y su minúsculo cuerpo, deforme y extraño se estremeció de emoción. El teléfono aún timbraba insistente y Graciela, o ahora Grace X, como mejor sonaba, dio un salto y contestó. Al otro lado, Jeff, como se identificó, le dijo que estuviera lista porque en 45 minutos pasaría a buscarla para llevarla a una sesión fotográfica con el afamado actor local Adam Horny.
Ella no podía creer su suerte. Bajó la mirada y vio su cuerpo. Regordete, contrahecho y feo como siempre, pero ahora revestido de un mágico poder otorgado por su hada madrina. Ella era Grace X y había tenido todo el sexo del mundo sin darse cuenta!

Se duchó rápidamente observando especial atención a su cuerpo. Se tocaba y no podía creer que los miembros más famosos y exclusivos del planeta hubieran sido suyos. Se calentaba pensando en aquellos que habían pasado por su boca… ¿habría hecho alguna sesión de anal? y un escalofrío de emoción recorrió su minúscula espalda.
Cuando salió del baño, encontró a un hombre sentado en su cama. La miraba fijamente y ella le preguntó quién era mientras la invadía una sensación de excitante terror. El desconocido se levantó de la cama y se abalanzó sobre ella tumbándola al suelo. Comenzó a besarla impúdicamente, mientras desabrochaba su pantalón. Ella se dio cuenta lo que iba a suceder y no alcanzó a decir una sola palabra cuando sintió una enorme pija atravesando su exótico cuerpo.

Inmovilizada, Graciela no podía creer su maravillosa suerte mientras aquel extraño que ingresaba en su cuerpo, le gritaba jadeando que era suya y de nadie más; La lujuria se combinó con un excitante terror cuando el misterioso amante comenzó, sin dejar de embestirla, a apretar su cuello mientras le gritaba babeándola con ira y con amor, que era una puta, que no merecía vivir y que la amaba, que la amaba, le gritaba que la amaba...

A la mañana siguiente, el diario local anunciaba penosamente la muerte de Grace X, la archifamosa estrella porno enana, violada y ahorcada a manos de un fan compulsivo quien había entrado al cuarto de la vedette mientras esta se alistaba para una sesión fotográfica; en el informe periodístico se incluía la fotografía del cuerpo inerte de la sex symbol, cortesía del cuerpo forense, y en cuyo rostro se dibujaba, en medio de los moretones, una extraña sonrisa de satisfacción; muchos lloraron, el fan, capturado luego, fue sentenciado a muerte y el hada madrina, quien se tomó atributos que no le correspondían, fue despojada de su cargo y hoy pasa las tardes trabajando como prostituta mature en un cine porno del centro de la ciudad.

Monday, May 25, 2009

Pomelito

Alberto. 47 años.
Arenales y Suipacha.
Abogado en ejercicio de la profesión. Catedrático.
Lo conocí a través de la página de osos de Buenos Aires. Atravesé raudo y veloz las 6 cuadras que me separaban de Pomelito que era su nick. Seis cuadras en las que intenté recordar todas las posiciones del Kama Sutra ilustrado que una vez encontré en el mercado de las pulgas. Alberto me esperaba en su piso completo. Tendría vista sobre la 9 de Julio?
toco el citófono. Hola, soy yo, ya bajo. (esta es mi ultima oportunidad de salir corriendo y no ver a Pomelito, lo borro de mi Messenger, lo borro de la página de osos y listo, no ha pasado nada) veo a través de la puerta de vidrio los numeritos del ascensor descendiendo; 10, 9, 8...4...(corre, vete, nadie va a decir nada) tin...se abre la puerta del ascensor y alcanzo a revisar cómo estoy parado, no vaya y piense que soy un fácil por haber aceptado su invitación a lamerme el horto y coger a la primera; trato de poner cara de serio, pero no amargado, más bien del tipo buena gente. Abre la puerta...Pomelito? sonrío estupidamente, hola querido, contesta y me saluda con un beso.

En el camino al ascensor lo escudriño; es gordo, canoso, viejo, feo, huele mal y tiene cara de depravado junkie. Abre el ascensor, entramos, cierra la puerta y marca el 10. Una vez comenzamos a subir, se me abalanza y comienza a besarme embadurnándome con una baba asquerosa y repulsiiva. (Pomelito puerco, pienso). Esquivo su boca y le ofrezco mi cuello indefenso para que lo lama, lo chupe y lo babosee todo (tendré que bañarme apenas llegue a casa, pienso).

Aleluya, llegamos! no más babas por 2 minutos. Seguí dice. Sigo, actúo. Miro alrededor y veo un apartamento completamente sucio, pero lleno de libros y obras de arte. me acerco a la ventana, si tiene vista a la nueve de julio. Querés tomar algo, me dice? Gaseosa de Pomelo, respondo.

Una vez acomodados en el living, Pomelito se abalanza nuevamente sobre mi y comienza a besarme, a tocarme, a manosearme. Pomelito va a cumplir lo pactado, pienso y yo me dejo pensando, este será el primero que oficialmente me coja en Bs As. Yo quería que fuera uno de los tres millones de tipos buenos que he visto en la calle, en el subte o en los colectivos, pero Pomelito se ganó la quiniela de tenerme!

Mientras pienso esto, Pomelito me ha desnudado y a él también dejándome ver un ombligo salido como de un niño pobre de Camerún. A Pomelito se le salió el ombligo de tanto comer pienso y mis pensamientos son interrumpidos por un voraz alienígena que se quiere devorar mi pecho. Para ponerme a tono, yo gimo como una puta dominicana como la negra que encontré el otro día en Florida y Lavalle y me ofrecía sus servicios por 200 pesos. Pobre, esa venta nació muerta conmigo. Pero me imagino cómo gemiría ella y yo gimo. Ahhh, uhhhhh, ohhhh...y Pomelito se ha convertido en Pomelote. Tarzán subdesarrollado y poca cosa que no consigue lograr una erección digna mientras yo, convertido en una meretriz caribeña grito y me asombro de lo ridículamente histriónico que puedo llegar a ser.

Pasado un rato y para darle la estocada final, decido acabar para terminar con esta payasada. Luego de la cumbre, nos vestimos como si fuéramos tarde para una cita en un tribunal, bajamos el ascensor ya sin babas y cruzando algunas palabras amables, pero vacías, salimos un día, yo te escribo, ahi nos vemos, bla bla bla...

Con otro beso como el de la entrada y un hasta pronto, Pomelito se despide de mi, llevándose mi dignidad y dejándome el horto más mojado que una ballena en Puerto Madryn mientras yo comienzo mi recorrido de regreso a casa de donde no debí haber salido.

Friday, May 22, 2009

Perfil de una Prostituta Vampiro (Perfil psicográfico)

Prostituta Vampiro
426 años 1,75 Blanca Ojos azules Pelo largo Nariz perfilada

Yo recorro las calles de Buenos Aires desde 1930, cuando llegué en un barco, huyendo del poderío nazi que sumergía a Europa en una oleada antisemita y que había hecho que los clientes que conseguía en las calles de Munich escasearan. Yo me alimento de sangre, pero necesito dinero para vivir así que me prostituyo desde 1846, cuando gasté los últimos peniques que tenía fruto de la herencia que me había dejado Steve Willcot, un rico comerciante inglés de Yorcestershire, que me dejó una fortuna, a cambio de su mortalidad y mi cuerpo, al cual yo, en un momento de interesado maternalismo acepté convirtiéndome en Mrs. Willcot, una dama de alta sociedad con gustos góticos.

Junto a Steve viví momentos inolvidables. El disfrutaba de mi cuerpo y yo de su dinero y de sus empleados, que él traía a casa para que yo devorara gota a gota. Mmm, como olvidar el sabor de la sangre en Yorcestershire…

Años después, Steve murió y la comunidad, enardecida por años de alimentarme, me expulsó de la campiña; así fue como emigré a Madrid, luego a Berlín y finalmente a Munich, en donde, a falta de dinero, ejercí la prostitución como única fuente de ingreso.

Fueron años felices. Yo recorría las calles de Munich en busca de hombres sedientos del amor de una mujer y que estaban dispuestos a que yo les diera una pequeña mordidita y les cobrara una ínfima cantidad a cambio de mi cuerpo.

Hasta que los nazis llegaron. Con tan mala suerte que me encontraron justo en el momento en que le hacia una apasionada fellatio a un cliente judío y me enviaron al guetto de Dummheit a las afueras de Munich, de donde pude escapar, no sin antes aprovisionarme de alimento, devorando a dos guardias y un oficial que esperaban ansiosos el tren que se desharía de nosotros en alguna cámara de gas.

Finalmente, y tras seducir a Wolfgang, el director de la oficina de permisos de salida de Alemania, logré tomar un barco procedente de Bremerhaven y que se dirigía a Buenos Aires, la capital de un país suramericano que había crecido en población europea y que ofrecía condiciones aceptables de vida.

En el barco, intenté portarme bien sólo alimentándome de algunos de los animales que llevaban en bodega por miedo a que fuera descubierta y me arrojaran al mar. Es cierto que los vampiros podemos volar tras tomar forma de murciélago, pero estaba a cientos de kilómetros de tierra firme y no quería exponerme a una muerte ahogada, por inanición y mucho menos incinerada por la luz del sol.

Luego de 63 días de viaje interminable, arribamos al puerto de Buenos Aires, una ciudad que crecía entre el bullicio suramericano y la inmigración europea a la cual yo pertenecía y que llegaba entre una maraña de aristócratas, obreros, sastres, artistas y prostitutas que huían de la hecatombe nacional socialista.

Luego de instalarme en un pequeño conventillo de la calle San Martin, que recordaba a un prócer patrio, lloré a mares por verme abandonada en el último rincón del mundo, sola, pobre, sin amigos, sin apoyo otro que el de mi leyenda personal que hacía que ingiriera varios litros de sangre por día para mantenerme bien en una vida que deseaba, hacía más de dos siglos, que acabara.