Alberto. 47 años.
Arenales y Suipacha.
Abogado en ejercicio de la profesión. Catedrático.
Lo conocí a través de la página de osos de Buenos Aires. Atravesé raudo y veloz las 6 cuadras que me separaban de Pomelito que era su nick. Seis cuadras en las que intenté recordar todas las posiciones del Kama Sutra ilustrado que una vez encontré en el mercado de las pulgas. Alberto me esperaba en su piso completo. Tendría vista sobre la 9 de Julio?
toco el citófono. Hola, soy yo, ya bajo. (esta es mi ultima oportunidad de salir corriendo y no ver a Pomelito, lo borro de mi Messenger, lo borro de la página de osos y listo, no ha pasado nada) veo a través de la puerta de vidrio los numeritos del ascensor descendiendo; 10, 9, 8...4...(corre, vete, nadie va a decir nada) tin...se abre la puerta del ascensor y alcanzo a revisar cómo estoy parado, no vaya y piense que soy un fácil por haber aceptado su invitación a lamerme el horto y coger a la primera; trato de poner cara de serio, pero no amargado, más bien del tipo buena gente. Abre la puerta...Pomelito? sonrío estupidamente, hola querido, contesta y me saluda con un beso.
En el camino al ascensor lo escudriño; es gordo, canoso, viejo, feo, huele mal y tiene cara de depravado junkie. Abre el ascensor, entramos, cierra la puerta y marca el 10. Una vez comenzamos a subir, se me abalanza y comienza a besarme embadurnándome con una baba asquerosa y repulsiiva. (Pomelito puerco, pienso). Esquivo su boca y le ofrezco mi cuello indefenso para que lo lama, lo chupe y lo babosee todo (tendré que bañarme apenas llegue a casa, pienso).
Aleluya, llegamos! no más babas por 2 minutos. Seguí dice. Sigo, actúo. Miro alrededor y veo un apartamento completamente sucio, pero lleno de libros y obras de arte. me acerco a la ventana, si tiene vista a la nueve de julio. Querés tomar algo, me dice? Gaseosa de Pomelo, respondo.
Una vez acomodados en el living, Pomelito se abalanza nuevamente sobre mi y comienza a besarme, a tocarme, a manosearme. Pomelito va a cumplir lo pactado, pienso y yo me dejo pensando, este será el primero que oficialmente me coja en Bs As. Yo quería que fuera uno de los tres millones de tipos buenos que he visto en la calle, en el subte o en los colectivos, pero Pomelito se ganó la quiniela de tenerme!
Mientras pienso esto, Pomelito me ha desnudado y a él también dejándome ver un ombligo salido como de un niño pobre de Camerún. A Pomelito se le salió el ombligo de tanto comer pienso y mis pensamientos son interrumpidos por un voraz alienígena que se quiere devorar mi pecho. Para ponerme a tono, yo gimo como una puta dominicana como la negra que encontré el otro día en Florida y Lavalle y me ofrecía sus servicios por 200 pesos. Pobre, esa venta nació muerta conmigo. Pero me imagino cómo gemiría ella y yo gimo. Ahhh, uhhhhh, ohhhh...y Pomelito se ha convertido en Pomelote. Tarzán subdesarrollado y poca cosa que no consigue lograr una erección digna mientras yo, convertido en una meretriz caribeña grito y me asombro de lo ridículamente histriónico que puedo llegar a ser.
Pasado un rato y para darle la estocada final, decido acabar para terminar con esta payasada. Luego de la cumbre, nos vestimos como si fuéramos tarde para una cita en un tribunal, bajamos el ascensor ya sin babas y cruzando algunas palabras amables, pero vacías, salimos un día, yo te escribo, ahi nos vemos, bla bla bla...
Con otro beso como el de la entrada y un hasta pronto, Pomelito se despide de mi, llevándose mi dignidad y dejándome el horto más mojado que una ballena en Puerto Madryn mientras yo comienzo mi recorrido de regreso a casa de donde no debí haber salido.
Un año sin amor
13 years ago