Acabo de descender dos escalones en la escala devolutiva de la humanidad. he creado un blog, movido por la parafernalia intelectosadomasoquista de Pablo Pérez que me ha llevado a masturbarme un jueves santo por su película que recién traje de Buenos Aires. Un año sin amor. Estoy sentado jugando a ser un escritor que nadie leerá mientras mi mamá prepara el almuerzo y mientras me arreglo para verme con Rodrigo y Nicolás. (al papá de Rodrigo le acaban de amputar una pierna) y mi misión es verme con él y recordarle mi amistad.
Ser escritor es uno de esos tantos sueños que uno dice que va a cumplir y que jamás lo logra. Como ser bailarin tipo Fama, patinador artístico o actor de teatro, pero solo llega a convertirse en un profesional gris que trata de subsistir con sus pocas glorias internas intentado ser el mejor mediocre posible y atiborrándose de toda la verborrea profesional existente para tratar de justificar lo profesional y preparado que uno es. Al fin y al cabo solo se necesita montarse a un bus o caminar por una calle para ingresar al fantástico mundo de las mediocridades disfrazadas de indiferencia, posturas tipo cisne y sonrisas falsas.
Un blog. ya me animé como punto de partida hacia un lugar que no sé cual es. El punto de llegada está en blanco y ni siquiera sé si llegue, pero lo intentaré como los pasos de Fama, las volteretas de los patinadores artísticos y los parlamentos aprendidos de un actor de tablas.
Un año sin amor
13 years ago
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