Wednesday, March 13, 2013
Silencio
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Silenci
Silenc
Silen
Silen
Sile
Sil
Si
S
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olvido
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muerte
Sunday, February 05, 2012
Abajo las cadenas de la opresión. Muerte a KingKong!

Con el tiempo comienzas a darte cuenta de que poder terminar una relación parece ser más drama que realidad y que deberías postularte a los Óscares por Drama Queen o a los Razzy por patetismo puro, pero igual no es fácil descubrir que tener la libertad absoluta de hacer lo que te venga en gana con tu vida asusta tanto como mantener las cadenas que alguna vez te ataron. Ahora pienso que fui por años como Ann Darrow que se enamoró de KingKong aunque el resto del planeta lo bombardeara y quisiera matarlo porque sabía que la pobre Ann se lo estaba pasando remal, pero ella, bruta y enamorada, no lo entendía, aunque KingKong hubiera estado a punto de comérsela en una ceremonia vudú en su honor y la zarandeara, la trepara en lo alto del Empire Estate sin importarle que ella le tuviera miedo a las alturas y arriesgara la vida de Ann por egoísmo, o protagonismo. Él, KingKong, necesitaba una carnada para ser famoso y conseguir sus objetivos y ella, al igual que yo, fuimos fáciles, demostrando que lo que sucede en el cine, pasa en la vida real también.
Ya hace cuatro meses no lo veo y hace más de dos semanas no hablo con él. La última vez, creo que fue la última. Como cuando barres salvajemente tu casa y cuando terminas descubres que una mota de polvo ha quedado en el suelo, justo al lado del armario y te mira burlándose de ti de manera socarrona e impúdica. Así fue esa llamada, como irte lanza en ristre con un tanque de guerra solo para limpiar la puta mota que te jode el trabajo que has venido haciendo bien hecho.
Estoy en el proceso de aprender de nuevo, de descubrirme de nuevo. En el proceso de entender que soy un ente único, un planeta más del sistema solar, con otros planetas alrededor, pero independiente. No sé a dónde me llevará esto, si al lugar soñado o a la casa de la bruja de Hansel y Grethel y por antojado terminaré encerrado en el horno y con una manzana en la boca.
Ya iremos viendo qué va pasando, por lo pronto, se siente fantástica y asustadoramente deliciosa esta sensación de poder decir: “estoy soltero” J aunque no tenga con quién arruncharme y hacer cucharita un domingo por la tarde y me toque conformarme viendo Rebecca de Alfred Hitchcock y comiendo fresas con chocolate solito, como Ann sin KingKong, pero liberado al fin.
Tuesday, February 22, 2011
Tus labios
Chupártelos hasta hacerlos estallar
como la cáscara de un mamoncillo.
Arrancártelos de manera despiadada y hostil.
Que se desinflen, se desangren en mi boca
y me inunden como la lava ardiente de un volcán en Guatemala
mientras tú, indefenso y baboso, te quedas sin labios
por culpa de mi succión caníbal
y yo quede con pinta de vampiro de halloween.
Pero me aguanto porque soy pudoroso.
Y te miro, con mi cara de deseo salvaje
que me deja inmundo en el ridículo.
Monday, January 31, 2011
Hoy
Monday, June 28, 2010
Coitus Interruptus
Se ve tan insignificante ahí tirado. Gutiérrez dice su placa. Policía puto. Pensó que podía venir con su uniforme azul planchadito a mi casa con la excusa de hacer unas preguntas de la municipalidad y convencerme para que me lo cogiera. Qué pelotudo!
No más. No quiero más muertos en mi vida. Estoy cansado de la sangre, de los ojos entreabiertos, pegados por las lágrimas que juntadas se vuelven mocos; de los dientes partidos, de las orejas con hilos de sangre seca. Estoy cansado de los tapetes manchados, de las moscas merodeando, de los pelos que quedan regados por ahí con una que otra gota de sangre dura. Y las miradas aterradas cuando me acerco con un cuchillo, un martillo, con un picahielo; esas no me cansan, esas me recalientan. ¿Por qué no son capaces de tener un poco de dignidad al momento de morir?
Por qué no entienden que ya no quiero ser taxi? Ya no quiero coger por dinero. Ya no quiero tener que sacarles plata y matarlos por el asco que me produce estar con otros hombres. Las mujeres me dan asco también. Desde la vez que mi mamá se hizo la estúpida luego de ver cómo mi papá me cogía en ese paseo a Entre Ríos, dejándome el orto ensangrentado y la vida hecha mierda.
Se han pasado rápido estos 14 años. También pasaron siete hombres y una mujer que creyó que pagándome me la iba a coger como los dioses. Esa malparida es la que menos remordimiento me da. Usaba el mismo perfume de mi madre. Perras las dos; malditas hijas de puta, que se pudran en el infierno todos. Quiero ser inocente. Quiero ir a San Telmo y comer churros y ser feliz como los turistas que veo pasar. Pero no. Ahora tengo que limpiar toda esta mierda que ha dejado el policía puto porque después de morir se ha cagado. Cómo me molestan los que se cagan como el escritor ese, el maricotas que me levantó una noche en Contramano y que insistía en llamarme Yesica. Ese maraca se orinó cuando le di el primer golpe con la lámpara que tenía en su living. Jajaja, no puedo evitar reirme cuando sus pedos anunciaron una monumental cagada. Qué irónico; terminar su vida cagando! Si al menos me hubiera cogido.
Pero, de vuelta a la rutina. Cortar los brazos, partir las rodillas para separar las piernas, un golpe seco a la columna para cortar el tronco y la cabeza. Esa es la que más me gusta cortar. Una vez que no hay cabeza, es como una gallina; si no le ves la cara, es más fácil comérsela. Luego, ácido sulfúrico comprado en tres ferreterías de diferentes sitios de Capital. Bah! Otra tarde perdida, cuando podía salir por ahí a caminar. Hace una tarde linda para un porro en los Bosques de Palermo.
Tengo que pagar las expensas. Ya me ha tocado tres veces el encargado esta semana. Debí haberme cogido al milico puto. Pero, ¿para qué? Este pensaba que me iba a coger gratis porque en la billetera solo tiene 33 pesos. Su esposa y sus niñas se ven dulces. Bonito vestido el de la más chica. Necesito recoger el desastre y deshacerme de este. Ojalá alcance a ir al cine al final de la tarde.
Friday, May 28, 2010
Fashionista
Mis dientes blancos, y una lipectomía, trés chic!.
Belleza tipo Linda Evangelista…
aunque demasiado gorda para mi estilo.
¿El precio de la moda? Ninguno.
Perfecta, el mejor adjetivo para mí.
Louboutin, Nancy González y Elsa Peretti Vintage,
los escogidos para mi vestido rojo de la última Colección
de Alexander McQueen (Alex, sweetie)
y la cara de envidia terrenal de los miles de nadies
a la entrada del Flamingo Road, lugar de la gente fashionista,
como yo. Todos con deseo, ninguno con posibilidades. Inalcanzable yo,
Admirada yo, popular como Cristo, pero versión fashion.
Ya en la calle, ganadora total. Mi ferrari por Melrose Street y Jimmy James en el radio. La noche, mi escenario, ¿La luna? Opacada por mi brillo natural y las estrellas en el cielo, tan lejanas… La única estrella aquí: Yo.
El camino despejado, solo luces y flashes de paparazzis en la entrada.
- Con cuidado, Valet boy. ¿Un autógrafo? Claro.
Con cariño para James,
XOXO
Darling.
Mi cabello, el viento, mi mejor ángulo. ¿Para Vanity Fair? ¡Un beso para Graydon!
Mis admiradores, absolutelly fashion, ¿Una foto? Ok cariño, más tarde.
Adriana, Giselle, Tyra y yo. Perfección absoluta.
No cielo, no Dios, no pobres, no feos, solo nosotras…
- Toc toc toc
- ¿Dios?
- No, pendeja yo. ¡Albeiro, la peluquería! Doña Regina la de las dos, ¿que quiubo de
su alisado permanente?
- Mmm? Hiuemadre, ¡dos y media de la tarde ya! ¡Nooooooooooo! ¡Qué injusticia! ¡Solo
un sueño!
- ¡Ésta loca! ¡Tras de perezosa, estúpida!
Sunday, May 16, 2010
El Anatema de Laura aunque la historia no se trate de Laura, pero rima en este título que es sobre un anatema, pero no de ella.
Si las escenas de las películas salen mal en el momento de la filmación, se repiten hasta que queden bien; pero si las escenas se repitieran tantas veces que nunca se pudiera avanzar en la filmación sería un desastre económico y una total pérdida de tiempo y de esfuerzos para el director, los productores, los actores y toda la gente involucrada en la producción.
Esa pareciera ser la historia de mi vida. La repetición eterna de una escena que he vivido millones de veces y que no quisiera que avanzáramos hacia un final feliz.
9:45 a.m. desayuno. Él me ha dicho: - si quiere desayuno ahí está. Yo me he levantado de mi cama nuevamente decepcionado, triste, anhelando la muerte como lo he hecho estos días. Me siento metido en una cámara hiperbárica; asfixiado, ahogado, con mis venas hinchadas tratando de recibir la última porción de oxígeno para no morir asfixiado en un cilindro de hierro indestructible. Claustrofobia total. Me dirijo a la cocina. Huevos revueltos, melón, una bolsa de pan, un pocillo, miro. Qué bien servido, como siempre, pero que fastidiosa situación, como siempre.
El pocillo está vacío. Él está preparando chocolate caliente. Yo solo miro la olla. No quiero mirarlo a él. En el radio de la cocina suena Carlos Vives. “Ay corazón mira bien …tarararaaa… cosas del querer” , él canta y baila y yo trato de llevar mi mirada a un punto fijo en el infinito para no verlo en su sarcástica y falsa felicidad. No me habla y le molesta esta situación vomitiva tanto como a mí; pero aún así canta canciones del corazón.
El chocolate está listo. Me sirve primero a mí. Casi lleno. Se sirve él mismo. Tres cuartos de pocillo. Deja la olla en la estufa (esa palabra nunca me ha gustado…estufa…sí, fea) se sienta y comenzamos a comer como si estuviera él solo y yo fuera un fantasma o como si yo estuviera solo y él perteneciera a otra dimensión. No nos vemos, no nos sentimos, no existimos, pero Carlos Vives sigue cantando ahora alguna canción dedicada a un amigo llamado Gustavo nosequémierdas y yo pienso que la escena está completa con un detestable vallenato.
Terminamos el desayuno. El se levanta, toma toda la loza suya y mía que está vacía y que ha quedado sucia y se dispone a lavarla. A mí solo me queda el chocolate caliente que he probado y me ha sabido horrible. He intentado tomármelo mojándolo en pan, pero sale tan clarito el pan, sin color a chocolate, que renuncio al experimento. Odio la leche y este no ha tenido suficiente chocolate para que sepa a chocolate y no a leche y yo solo miro como las natas oscuras de chocolate se van asentando sobre el chocolate caliente. El lava de espaldas a mí. Yo me entretengo jugando con el alambre que cierra la bolsa de pan. Es blanco y hago un semicírculo que al ponerlo sobre el mesón de granito negro brillante forma un corazón y yo pienso que así es mi vida. Tratando de armar un corazón con un reflejo de algo que no existe en la realidad. Sigo los giros y dobleces del alambre (el de la vida real) hasta que me sumerjo en los giros y dobleces del alambre del reflejo. Se ve bonito. Lástima no tener una cámara para tomarle una foto a mi obra de arte efímera. Hasta de pronto me la publicarían en la Tate Modern y muchos fotógrafos me sacarían fotos y muchos periodistas me harían preguntas sobre cómo llegué a esta obra y yo respondería estupideces inteligentes como “mirando el devenir de la vida” ó “haciendo un anatema de las relaciones sentimentales del siglo XXI” o no sé qué otra culada así.
Paréntesis: no sé qué carajos significaba anatema, pero cuando estaba escribiendo esto, me sonó bonito y lo busqué en Google. Esto me salió en wikipedia:
“Anatema (del latín anathema, y éste del griego Ανάθεμα) significa etimológicamente ofrenda, pero su uso principal equivale al de maldición, en el sentido de condena a ser apartado o separado, cortado como se amputa un miembro, de una comunidad de creyentes.
Era una sentencia mediante la cual se expulsaba a un hereje del seno de la sociedad religiosa; era pena aún más grave que la excomunión. Su significado originalmente procede del griego, como una "ofrenda" a los dioses; posteriormente vino a significar:
- Estar formalmente separado,
- desterrado, exiliado, incomunicado o
- innominado, a veces malinterpretado con el significado de maldito.”
Qué interesante definición. Y por qué se me vendría a la mente esta palabra que no conocía? ¿Dios, eres tú? No tengo respuesta. Desarmo mi obra de arte para cerrar el pan y sigo esperando que él salga de la cocina para tirar el chocolate. Él ha terminado de lavar, secar y acomodar los platos (cuando yo los lavo, no los seco, solo los dejo en el escurridor que se sequen solos y después los guardo). Él lo hace como una lección indirecta de lo que debo hacer.
- Mire: los platos se lavan, se secan y se guardan, ¿entendió?
- Ajajajaja, ¡guau!- bato la cola como un perrito aprendiendo.
Terminó. Salió de la cocina y yo me quedó ahí con el chocolate feo. Me paro. Voy al baño, me encierro y lo boto por el inodoro (otra palabra fea, además, ¿por qué inodoro si cuando uno caga termina oliendo inmundo?) El hecho es que espero unos segundos para que el olor del chocolate derramado no me delate. Salgo. Y él ha puesto ahora a Paloma San Basilio y habla por teléfono con algún amigo me imagino porque le pregunta cosas de amigo y pone ese tono vulgar-falso de amigo como el que usa cuando habla con sus amigos.
No me lo aguanto. Me gustaría tirármele con un picahielo y sacarle los ojos. Grita maldito, grita, cobarde! Pero solo suspiro y continúo escribiendo. ¡Me he vuelto tan cobarde, tan estúpido, tan insignificante a su lado! Todos me lo han dicho, pero nadie vive mi vida por mi. Deberían. Me ayudarían mucho. Que me acostara a dormir y alguien me suplantara, le dijera las verdades racionales que mi cerebro sabe, pero que mi estúpido corazón disimula, lo echaría lejos, a patadas como un perro sarnoso, insignificante, estúpido, malparido, y a la mañana siguiente cuando yo me despertara, pajaritos en la ventana, un sol con una carita feliz asomándose tímidamente entre una nubecita blanca de algodón en medio de un cielo azul rey y yo, radiante, feliz, perfecto.
¡Qué mierda es la realidad! El continúa hablando por teléfono con alguien, como diciendo: soy perfecto, soy seguro, tengo amigos, no te necesito, cuando sé que él es un miserable dependiente de mí tanto como yo de él.
Colgó. Y Paloma San Basilio se calló al fin, pero ahora suena una zarzuela y el canta destemplado como loco desde su cuarto. ¡Qué marica! Pienso. “lararararaaaaaaaaa tin tin tiiiiiin chun pirunpirunpin chuuuun…como te sentiriáis sobre mi caballo que es aura y señora como os sentiréis sobre miiii personaaaaa y las delicias de mi soledad…” no la entiendo mucho porque el señor que grita que debe ser un famoso como Plácido Domingo o alguien así no entona. ¡¡¡Nunca he entendido por qué la gente disfruta tanto de la ópera si no se les entiende nada!!! Creo que es una actitud arribista que viene de siglos atrás y en donde la gente pobre, que nunca tuvo acceso a la ópera de los reinos, va hoy en día a teatros, después de que la revolución industrial los convirtiera en pequeños burgueses que les permite comprar una boleta, la más barata, con descuento de la tarjeta de suscriptores de algún supermercado, para ponerse, el día de la obra, una bonita bufanda, comprada en ese mismo supermercado, junto con sus mejores galas y asistir al evento cubiertos en un halo de “oh! Qué culto soy, mírenme! Así no entiendan ni mierda, como yo mientras oigo a este señor enredado cantando y seguido muy de cerca de él, que canta como los dioses, del Haberno y generan un dueto infernal que me hace dar ganas de tirarme por una ventana.
Odio a Carlos Vives, odio a Paloma San Basilio, odio al señor de la zarzuela. Lo odio a él. Pero así como los odio, los tarareo porque los he escuchado tantas veces en esta escena repetitiva que ya me los sé pues mi vida se repite cada mañana ó día por medio ó semana de por medio y siempre regreso a este punto muerto en el que estoy en este momento y del que me pregunto si saldré alguna vez. Como una escena maldita de alguna película grabada para la Dimensión Desconocida en donde gigantes invisibles juegan con nosotros como títeres de plástico desgraciados a los cuales les toca seguir en la rueda de la fortuna girando eternamente sin descanso, sin remedio, sin vida.