Wednesday, May 17, 2006

17 de mayo de 2006

Hace dos dias me operaron. La sangre aun brota fresca por mi pierna despidiéndose de mi cuerpo mientras yo en un antibiótio letargo me encomiendo a Dios, a la Virgen, a mi angel de la guarda, a Buda y a las divinas fuerzas celestiales para no perderla.

Estoy copletamente vendado y bajo la venda, una erida aún abierta me pregunta insistenemente qué estoy haciendo con mi vida. A dónde me estoy llevando a mí mismo. ¿a qué juegas idiota? me pregunta insistentemente mientras yo insistentemente trato de no pensar en ello.

Más allá de la sangre, el trapo sucio, los antibióticos y el letargo general está el dolor del alma, ese que no se quita al ver que la persona que quiero le dice amor a una persona diferente a mi. Hoy hemos hablado tres veces por teléfono. Cómo sigue, chequée este trabajo y llegó una carta puntualiza y el Hola amor de hoy no me ha correspondido. Se ha ido lejos a otra dimensión desconocida dejándome jodido, desinflado, triste y con este dolor de susto, con este terror en mi pierna que quiero que sane.

Por otro lado, hoy decidí que no vería a nadie, no hablaría con nadie, ni siquiera con él, decidí que no iba a abrir los ojos, no iba a respirar, me iba a morir y me iban a encontrar ahogado en mi propia sangre tres horas después de haber cruzado la línea mortal. Qué bruto. Nada fue así. Fuer de mi cuarto, en la sala parece el prefacio de una boda. con tres tías y el esposo de una de ellas. Fiesta puta, fiesta muerta en donde yo soy el homenajeado y al tiempo el menos indispensable. Eso si, me trajeron una caja enorme de chocolates, una lata grande de galletas y una caja de bizcochitos que no veo la hora de que se vayan para comérmelos enteros. Al fin y al cabo tiene ciertas ventajas el estar enfermo.

Cambiaré después de esta crisis??? mandaré mi reación mediocre al carajo y me iré en busca de mis sueños??? Me iré a vivir a la Argentina??? moriré y trascenderé como el próximo Buda???

Sunday, May 07, 2006

Manual sobre las cosas que quiero hacer de mi vida y cómo hacerlas

Esta tarde pensé dos títulos que me gustaban mucho. Uno se me olvidó (aunque era muy bueno) y el otro es "Manual de Cosas que quiero hacer de mi vida (o con mi vida) y cómo hacerlas". Y es que nadie tiene este manual que podría ser digno de alguien programático, organizado y psicorígido, aunque yo no clasifico en ninguno de los tres cánones. Mil doscientas treinta y cuatro ideas se me han venido a la mente y todas estas letras son sólo vagos ecos de las maravillosas cosas literarias que se me han cruzado por la cabeza. Si las escribiera, alguien tal vez diría, Ooooh!!! que descubrimiento del underground literario bogotano, digno de Pablo Pérez, Bruna Surfistinha o Chespirito en su versión más común, pero se me han olvidado carajo!!! y sólo escribo los charcos que han quedado luego de ese fuerte aguacero creativo.

Por otro lado, estuve intenando comprar algo de buena música. Creo que escuché como unos 12 o 15 CDs, nada del otro mundo. Ese es el problema de la globalización musical. Que todos tratan de parecerse a todos, formando un cliché musical universal jarto y tedioso normalmente a partir del track 3 o 4 de cada CD. Cuando encuentro algo interesante, le doy la espalda y me recuesto en la estación de música, (porque yo compro lo que hay exhibido en las estaciones, y trato de concentrarme en lo que estoy escuchando). Afino mis sentidos para descubrir nuevos sonidos. La clave es hacerme llorar. Si lo logra, ahí está! esa perla musical perdida que YO, un superhéroe melómano acabo de encontrar. Mirénme, apláudanme, YO fui el descubridor y nadie más. El éxito se deberá a mi por haberme hecho llorar y por haberlo comprado aunque nadie más sepa quién carajos es ese grupo y lleguen siempre a la misma conclusión de que yo escucho música muy rara.

Después de muchas infladas y desinfladas, escogí The Tango Club Night. Muy rico (y carísimo), pero qué miérdas, para algo tengo qué trabajar!!!. Mientras lo escuchaba, pasaron dos actores de la televisión. Qué tan poca cosa soy ante las estrellas de la televisión. Soy como un engendro globalizado que sueña vivir en Buenos Aires, pero que le da miedo comprar hasa un CD que pase de cuarenta mil pesos. Lo mejor o peor, es que a los treinta años, con una prominente barriga y una inseguridad permanente, soy yo quien voltea a mirar a los famosos de la televisión y a mi nadie me voltea a mirar. Que absurdamente común se ha vuelto mi vida con los años pienso.

Cuando yo fui niño, pensaba que era el hijo ilegítimo de la Reina de Inglaterra que por culpa de una muchacha de servicio egoísta o por un complot internacional me habían secuestrado y no se había publicado en ningún periódico por tratarse de un secreto de máxima seguridad. Scotland Yard me tenía archivado en sus documentos privados y sólo era cuestión de esperar que me encontraran para ocupar el lugar que me merecía, eso sí, después de pagarle una generosa recompensa a quienes amable y cuidadosamente se habían encargado de mi educación.

Pero pasaron los años y nada pasó. La reina ni se encargó de buscarme ni Scotland Yard hizo su trabajo de investigación. Ni siquiera un periódico, la muchacha desleal o un pinchazo en el dedo se encargaron de confirmar mi real sangre azul conminándome a un vulgar O positivo, RH del 99% de los nadies (como dice Liliana Felipe) del mundo.

Hoy, mis primos hacen obras de caridad y viajan de lo lindo por todo el mundo y a mi mañana me toca madrugar, llegar temprano a la oficina y comenzar otra semana igual a la pasada y a la entrante. Escuche que Harry está adquiriendo los mismos hábitos caritativos de Diana y yo aquí, jodido y pobre!!! Una vez escuché que Elton John se gastó como un millón de dólares en flores y yo me escandalizo por tirarme 70 mil pesos en un CD recordándome mi maldita normalidad.

Y esto no se trata de una puñetera (joder, que españolete he sonado) pataleta treintañera. No, ni más faltaba, pero es que estoy con esta especie de necesidad de que algún puto ciudadano del mundo se dé cuenta de qué existo, de que me admire, de que sea la Anita Ekhberg de la Dolce Vita en la Fontana de Trevi para su Marcello Mastroianni, el Crash, pitufo, éxtasis o pajarito intergaláctico del más profeso drogadicto o que me vea como la reencarnación de qué se yo que cosa admirable, DaVinci, María Magdalena, Lady Godiva o el Pablo Pérez colombiano con todo y afectos sado.

Llevo 10 años atado a lo que suponía era el amor y diez años después me doy cuenta que he perdido diez años tratando de amar, para que al final se me escape de las manos como cuando uno mete la mano a un bulto de arroz crudo. Se siente delicisoso, refrescante, una especie de mantra yogui, de realización de la materia, sólo faltan los cantos gregorianos o alguna mierda así, pero apenas tratas de agarrar, todo se te escapa por entre los dedos y quedas al final con muy pocos granos, las manos llenas de un polvo blancuzco e incómodo y con la piedra que te produce la sensación de vacío.

Por eso este título que suena bueno. "Manual de las cosas que quiero hacer con (el resto) de mi vida y cómo hacerlas". Porque debo pensar en qué coños va a pasar conmigo de aquí en adelante, cuando siento que los granos de arroz en mi mano ya son muy pocos, cuando ya no hay música gregoriana sino gritos de granero que me escuetan a no manosear la mercancía y cuando comienzo a despertar del letargo en el que me he consumido por 10 años.